domingo, 28 de febrero de 2010

¿PARA QUÉ NEGARLO?

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Una de la madrugada, el cielo medio nublado daba una tregua y permitía ver el esplendor con el que la Luna llena nos había obsequiado. A menos de 30 kilómetros las luces centelleantes del puente más alto de Sevilla, el Alamillo, nos saludaban en la lejanía. La presión, que meses antes había sentido en mi pecho, volvía a manisfestarse de forma inminente y más intensa si cabe.

En el coche, cuatro amigos deboran la carretera con el fin de encontrarse con los suyos. Un viaje largo de cuatro horas y media que habían hecho mella en dos de sus tripulantes los cuales dormían a pierna suelta. Momento que aprovechó el conductor para dirigirme una sutil pregunta ¿Has echado de menos Sevilla?... Rápidamente contesté "No, en absoluto, todo lo contrario". Refiriéndome a la presión que estaba sintiendo en el pecho.

Tras los últimos quilómetros mi preciada masa gris, mi intelecto, mi cerebro o conciencia (como queráis llamarlo) se dedicó a reafirma, con breves pensamientos, mi rotunda negativa por sentir la más mínima añoranza por esta ciudad. Ciudad la cual me ha visto crecer, y que me ha enseñado lo que hoy soy. Urbe en la que conviven mis familiares más queridos, mis sueños más bonitos y mis recuerdos más olvidados.

Tras una breve parada en mi dulce hogar, me dispuse rápidamente a reunirme con mi amigo Miguel el cual, minutos antes me había telefoneado para decirme que se encontraba en un pub tomando copas. De "muy malas ganas" fui a su encuentro, pues el cansancio era evidente en mi cuerpo. Tan pronto encontré aparcamiento en el casco antiguo de mi concurrida ciudad, me dispuse a caminar no más de un kilómetro. Entre naranjos y balcones llenos de flores, entre catedrales y palacetes, y entre calles vacías de gente y de ruidos, me surgió la
oportunidad de regodearme del eco de las palabras pronunciadas minutos antes de llegar a mi cuna natal. Y al girar la esquina, allí estaba ella, tan majestuosa y esbelta como siempre, tan elegante como la dejé. Adornada con un cielo azul oscuro amenazante de lluvias, y acompañada con ramilletes de nubes grises y de la luna llena, allí estaba la Giralda. Al momento, mi cuerpo se detuvo, observando la belleza arquitectónica con la que los antiguos árabes nos habían obsequiado.

Caminé y pude ver ya a mi amigo, al que tanto echo de menos, y al resto del grupo. Un primer abrazo rápido y frío que me hizo sentir extranjero en mi casa. Luego la ronda de saludos, pero vino un segundo abrazo y ahora si que supe que estaba en casa. He dado pocos (o muchos) abrazos en mi vida, y puedo asegurar que este lo recordaré por mucho tiempo. . La imagen de aquel monumento tan significativo de mi pueblo, junto con el abrazo de mi amigo, me causaron un sentimiento que yo negaba tajantemente.

A la pregunta de ¿Has echado de menos Sevilla? respondo ahora que "Si.... Echo de menos mis conversaciones sobre lo divino y lo humano con el inmaduro del periodista, añoro las historietas y las charlas sinceras con el policía, extraño a mi médico personal y las consultas improvisadas (obligadas) en mitad de la calle, a mi foca bigotuda y sus abrazos, a la teniente y su sonrisa contagiosa...." (Y tantos otros que no nombro)

Este fin de semana ha sido de reencuentro, he salido dos días, lo cual es impropio de mi, y los dos días me he reído y he disfrutado. Y hoy, a punto de irme de nuevo a Madrid, nace el sentimiento "triste" de la marcha, de la partida, de la despedida. Por suerte, se que sólo es un hasta luego.

Sed buenos.

viernes, 12 de febrero de 2010

MUERE EL AMOR 2

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Un año más el niño rechoncho, rubio y con tirabuzones se dedica a jugar con el dichoso arquito de flechas amorosas. Este engendro de la naturaleza nos recuerda, a los solteros, aquello que no tenemos. Una vez más, la conmemoración de otro día "especial" del año no me corresponde celebrarlo. Y todo por que no estoy, supuestamente, enamorado.

El gordinflón de las narices, que por mucho que diga la gente se parece a Papá Noel, vuelve con más fuerza que nunca. Pues ahora, el enano armado con arco y flechas, nos propone que los que "vivimos en libertad" nos auto-regalemos. Esto no es más que una estrategia comercial. No entiendo la gente que se empeña en regalarse cosas por esta fecha absurda, cuando la mitad de ellos abandonarán o engañarán a su actual pareja, y la mitad que no lo haga, se casarán, bien por lo civil o por lo religioso, para que al cabo de unos meses solicitar el divorcio. Al menos, eso dicen las encuestas sobre el aumento de rupturas y separaciones.

Yo personalmente, con o sin pareja, jamás regalaré algo por este día. Prefiero regalarlo cualquier día del año que verme obligado por las masas hacer aquello que todo el mundo considera que hay que hacer. Abajo Cupido, abajo las manadas de borregos que se dirigen en estos momentos a comprar un presente para su pareja, y abajo todo aquello que suponga un imposición. Pero que nadie se confunda, no odio el amor, todo lo contrario, mi vida gira entorno a él, pero no aguanto a un capullo narcisista sacado de la cabeza de algún comerciante para hacer dinero, dicho enano pedante con los ojos vendados se dedica a lanzar flechas a diestro y siniestro sin pensar en las consecuencias que trae con sigo una de esos venablos.
Y por supuesto, lo que no aguanto es que una sociedad sin personalidad y sin la capacidad de improvisar, me diga lo que tengo que hacer si estoy enamorado, me obligue a derrochar dinero en algo que posiblemente no sea lo suficientemente duradero para que aguante toda la eternidad, y menos aún me quiera hacer creer que veinticuatro euros es una cifra insignificante y que no supone nada a la economía de una persona. Estamos en crisis, que parece que se nos olvida. Estamos casi imponiendo a cuatro millones y medio de parados que hagan un regalo a su pareja, pues un día es un día. Recordémosle que lo que se gasten hoy será dinero que les faltará mañana.

Eah, y dicho esto me largo, que despidan a Cupido, que le corten las alas y le den un pico y una pala para que aprenda a trabajar como Dios manda, a ver si madura de una vez por todas.

Sed buenos.

miércoles, 10 de febrero de 2010

SUCEDIÓ EN MADRID 2

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Y casi susurrando me dijo: "...............", y salió del vagón dejándome contagiado de una sonrisa y de un silencio casi sepulcral, pero no fui capaz de decir nada más que un estúpido "Vale".

La vi alejándose a cámara lenta mientras mi cabeza ordenaba detenerse a mis piernas pues mi corazón acelerado, pedía a gritos salir corriendo tras la morena desconocida. Y cuando por fin se impuso el corazón a la razón, como un zarpazo de un oso, las puertas del tren se cerraron, dejando dentro de si, aun estúpido hombre tambaleándose sobre la delgada línea que separa la locura de la cordura, la sensatez de la estupidez, o la vergüenza de valentía. Mi corazón se detuvo, y una vez más, mi dichosa, pero acertada cabeza, dirigió mis ojos al reloj para confirmar la hora.

Así es como un hombre pierde las oportunidades. Hay trenes que sólo pasan una vez en la vida, y en mi caso, el refrán no podía ser más apropiado.
En Madrid existen doce líneas de metro, distribuidas por 287 Km, es la octava red de metros más grande del mundo, y para que os hagáis una idea (para los de Sevilla) en un solo vagón he calculado que entran en torno a 210 pasajeros, y cada línea cuenta al menos con cinco vagones. A esto hay que sumarle que los trenes no pasan siempre a la misma hora. ¿Qué probabilidades tiene un chico de encontrase con la misma persona dos días seguidos?.

Pasó el día y tras una noche de dolor de cabeza y de malestar, sonó el despertador sacándome del sueño reparador en el que me encontraba sumergido. Una vez más, como ya es habitual, salí de casa a las ocho de la mañana, bajé la escalera de granito, luego pasé por el torno de seguridad. Hoy no hay acordes de ningún instrumento y la gotera ya está solucionada. La escalera mecánica succiona los escalones y comienzo a bajar, parece que hoy todo va más rápido. La magia de conocer a un desconocido en los subterráneos del metro es una acción poco recomendada y no esperaba volver a encontrarme con ella.

Como siempre la estación estaba repleta de gente deseosas de que llegara el tren, y una vez más los vagones venían inundados de hombres y mujeres, niños y ancianos, pobres y ricos. Como pude me hice hueco en el último vagón. Después de girarme mil veces por ver si encontraba a la dueña del meñique y sin obtener éxito alguno, llegamos a la primera parada. Ya sólo me quedaban dos paradas. Me puse de puntillas por ver si distinguía el negro azabache de su cabello liso, y las puertas se volvieron abrir. Entonces una mano rozó la mía como sin querer, y allí estaba ella. Se podía distinguir una sonrisa entre tímida y temerosa en su rostro. De piel clara, ojos oscuros, y con un rostro hermoso. Iluminada por la luz artificial del vagón me dirigió un saludo, al cual yo respondí con una sonrisa no más tímida que la suya, y unos fundimos en una conversación que duró no más de tres minutos y no menos de una eternidad. Tiempo suficiente para intercambiar los teléfonos y los nombres..........y confirmar que no tiene novio.

Sed buenos


martes, 9 de febrero de 2010

SUCEDIÓ EN MADRID

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Ocho de la mañana, salgo de casa y me dirijo hacia la parada del metro, bajo una escalera de granito que me sumerge a las entrañas de la tierra, paso un torno de seguridad, saboreo los acordes de una guitarra sonando en uno de los pasillos al compás del goteo incesante de una filtración provocada por las últimas lluvias. Continúo bajando por una escaleras mecánicas, la gente ordenada a la derecha dejan paso a quien tenga prisa, aguardo a que el suelo acabe de tragarse los escalones y así comenzar a caminar. Calculo que he bajado unas tres plantas y observo el móvil sorprendido pues aún mantengo la cobertura.

Como siempre la estación está de bote en bote, normalmente prefiero esperar y coger el próximo pero hoy, a pesar de ir muy bien de tiempo, decidí montarme. Me sitúo con el fin de no tocar a nadie y no tener a nadie detrás pegado, pues los robos abundan en el metro. Una vez colocado en el último vagón, dejo una de mis manos agarrada en una de las barras horizontales que van de un extremo al otro de la vagoneta. En ella puedo observar las manos de muchos pasajeros, manos de todos los colores, negras, blancas, morenas. Un mural de colores se cierne sobre las cabezas de los pasajeros y parece que nadie se percata de tan digno detalle.

Mientras contemplo el espectáculo de colores, mi mano que forma parte de este mural, siente el calor humano de otra. Sin poder evitarlo mi pulgar tocó su meñique, y una corriente atravesó nuestros cuerpos. Y como si de una película romántica y ñoña se tratase, el meñique desconocido y perteneciente a una señorita de pelo negro azabache y de piel clara, le devolvió el gesto a mi pulgar. De nuevo, una corriente se paseó por nuestros cuerpos, y con cara sorprendida se giró hacia mi, me miró y un esbozo de sonrisa dibujó su cara.

¿Porqué los buenos momentos sólo duran milésimas de segundos? Al momento, la monstruosa bestia, forjada con hierros y remaches, abrió sus puertas y comenzó a expulsar a las personas que se encontraban en su interior. Entre ellas, la dueña del meñique, la cual antes de salir se dirigió a mi con tono bajo y suave, y casi susurrando me dijo: ¿...............?
(Sólo unos cuantos sabréis el final de la historia)

Sed buenos

lunes, 8 de febrero de 2010

BIENVENIDO A LOS TREINTA

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El periodista inmaduro habla hoy de las musas que son personas las cuales, nos inspiran a la hora de escribir, que reviven sentimientos escondidos en nosotros los cuales, afloran en el momento que nos sentamos frente a un folio virtual. La mirada penetrante de una hermosa mujer, el roce de su mano delicada por nuestro rostro, la sonrisa sincera de una desconocida, pueden llegar a convertirse en musas sin pensarlo. A veces por un breve espacio de tiempo, y otras veces, para toda la vida. Las musas son las deidades que protegen las ciencias y las artes liberales y que dan movilidad a unos dedos los cuales plasmaran, mejor o peor, una idea, un sentimiento o cualquier cosa que se nos ocurra.

Por el contrario, no todos los encuentros con las musas son bonito, pues no vivimos en un mundo de rosas, y a veces tiene el mismo efecto, una mirada de desprecio, una mala contestación, o incluso un trágico acontecimiento que no tiene porque afectarnos directamente a nosotros.

Escribimos y exponemos ideas, que a veces son compartidas por los lectores y otras veces (pocas) no. Contamos nuestra particular visión de la vida y del comportamiento de la sociedad, nuestra disconformidad por el lamentable estado en el que estamos sumergidos, criticamos las palabras del ministro, político, religioso o cualquier otro personaje, y todo ello, con el único fin de encontrar gente inquieta como nosotros. Escribir es un arte, y muchos de nuestros escritos pueden resultar vomitivos, pero son un escape para la cantidad de sentimientos, tanto alegres como tristes, que tenemos dentro y que no somos capaces de expulsar con sonidos y que gracias a Alá, Dios, o de alguna chacra, somos capaces de exponer en este medio.
Este inmaduro con aires de periodista reflexiona sobre sus prematuros treinta años, que sin duda le sentarán como un jarro de agua fría. Hoy a vísperas de su inevitable envejecimiento, medita sobre la brevedad de los años y sobre como es posible tener treinta primaveras si ayer estaba jugando con los Gi-Joe, si no le ha dado tiempo a realizar sus sueños. Ahora que cumples treinta haces balance de lo que dejaste por pereza, lo que no hiciste pensando que no tenía importancia. Ahora que abandonas los veinte, te digo que lo pasado jamás te alcanzará. El mundo no te recordará por lo que hiciste o dejaste de hacer con quince años, la humanidad jamás sabrá los años perdidos por leer un cómic de Goku a mi lado. Hoy, (bueno mañana), tu vida comienza, y créeme la perspectiva que ofrece los treinta no la da otros años, es ahora o nunca, los años vividos hasta entonces no son nada comparado con los que te esperan. Si piensas que te han pasado rápido los treinta años, AGÁRRATE FUERTE... pues ahora es cuando esto comienza a correr y a ponerse interesante.

Los treinta ya pasaron para mi y con ellos, unas perspectivas nunca antes alcanzada con los años anteriores. Disfruta de este año, que sin duda será duro, pero del que esperamos grandes cosas. Hoy leo, orgulloso la primera entrada del blog de un amigo, y que sin duda, el nombre de su blog es perfecto para él, y para el homenajeado de mañana....Y reiniciar...



Sed buenos