miércoles, 21 de octubre de 2009

LÁGRIMAS

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Tras dos semanas de trabajo, de paseos y viajes interminables, hallé una morada de ideas para descansar, espero que os guste, porque a mi me ha sorprendido.
Sed buenos
Nacemos solos. Moriremos solos. Pero no importa, ya que lo mejor del viaje no es ni el lugar del que partimos, ni el lugar al que más tarde o más temprano llegaremos. Lo más importante en este incesante caminar, amigo mio, es el propio camino.

Empiezo con esta idea, intentando así que esta supuesta realidad se haga un poco más palpable. Me disgusta que tan sólo me venga la inspiración de escribir cuando estoy con el alma en los pies, pero dicen que la melancolía es la mejor de las musas... ¡¡quien sabe!!, yo, desde luego, no lo se.

¿Porqué nadie se da cuenta de la importancia de algunas "tonterías"? La gente suele hacer caso omiso de los detalles... Yo creo que son los detalles los que de verdad determinan el curso que siguen nuestros pasos en la vida. Quizás tenga algo de razón la teoría aquella del karma. Quizás, solo quizás, todo lo que hagamos, se volverá hacia nosotros tarde o temprano. Quizás las lágrimas que de mis ojos brotan no sean más que la consecuencia de algún olvidado error que cometí tiempo atrás. O quizás mi mirada se humedece por culpa de aquellas cosas que no llegué a hacer, y de las que inevitablemente, y aún sabiendo lo inútil que resulta, me arrepentiré siempre.

Una vez, una gran amiga me dijo que no debería seguir el camino, si no pasar dejando huella y así trazar uno propio... posiblemente tenía razón.

Ésta me parece una entrada vacía. Ni siquiera se me ocurre uno de esos refranes o dichos que dejan unas gotas de esperanza en el alma. Ésta vez, termino con dos pequeñas traidoras, que me resbalan por mi cara y caen hasta morir sobre el tejado de mi calma.

sábado, 3 de octubre de 2009

OTOÑO

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Las calles se engalanan con su abrigo caduco de hojas. Un manto de hojarasca amarillenta tiñe el oscuro alquitrán de la ciudad, y una cálida brisa golpea en nuestra frente presagio de que el otoño ya ha llegado, y con él las más típicas postales.

El paso de un vehículo hace levantar el vuelo de cientos de hadas, las hormigas aprovechan los últimos días de calor para almacenar provisiones, los lagartijas, lagartos y reptiles buscan escondrijos para depositar a sus futuros descendientes, y nosotros los humanos, nos volvemos más cariñosos, buscamos el calor humano, presintiendo, quizás por experiencia, que después del otoño llega el frío invierno.


Los cauces secos de los silenciosos ríos, utilizados como senderos improvisados en verano, vuelven a rugir con el paso del agua, los prados enjutos por el sol abrasador se renuevan luciendo verdes ropajes, las reinas del cielo, las aves, emigran a parajes más cálidos, y nosotros, los herederos de una Tierra Prometida, seguimos caminando en busca de aquello que un día perdimos.

Y yo, sentado en mi butaca, detrás de un gran ventanal, veo como un cielo negro y amenazador se cierne sobre mi. Pronto los relámpagos comenzarán a iluminar mi bóveda celeste, acompañados estruendos truenos y rayos. Los gorriones ya revolotean agitados en busca de cobijo bajo alguna rama tullida. Y yo, fiel espectador de semejante espectáculo, abro las ventanas para que el aire fresco de la tarde entre, e impregne con su olor a lluvia todo mi hogar.

Pensamientos de una noche cualquiera de otoño y de algún año ya pasado...

Sed buenos