domingo, 4 de septiembre de 2011

TODO... TODO... TODO

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Aquí me encuentro frente a esta pantalla en la que veo reflejado mi rostro, el cual a veces ni reconozco. Que estúpidos llegamos a ser los seres humanos. Llevo buscando piso para mudarme dos meses, pues la distancia de mi trabajo a mi casa era bastante larga, pesada y costosa. Y ahora que por fin encuentro una casa, que además de estar a cinco minutos del trabajo, convivo con una familia que me ayuda con el inglés, que no tengo que limpiar nada, que mi cuarto es enorme con un ventanal espectacular con vistas a la ciudad y que además me cuesta menos que la casa anterior… ahora que por fin lo encuentro,  me quejo de la pequeña cuesta que me toca subir para volver a casa… Ahora que comienzo a poder ahorrar, y gastarme dinero en mi, ahora que las cosas, egoístamente hablando, van bien para mi, me quejo de una cuesta que tardo en subir dos minutos de reloj. Que tontos somos… que tonto soy. Cuando por fin conseguimos lo que queríamos ya nos parece tan fantástico.

Hace poco, dos personas cuanto menos queridas para mi, me dijeron la misma frase en distintas conversaciones mantenidas con cada una de ellas “No esperes nada de nadie, y no te llevarás decepciones”. Y la verdad, que tras un tiempo de reflexión y de darle vueltas a esto que últimamente no uso, mi cerebro, llegué a la conclusión que es un pensamiento bastante aterrador, me da pánico dejar que ese pensamiento se pasee por mi alborotada cabeza, no quiero ni pensar que sería de mis amigos si este pensamiento fuese la base de nuestra amistad. Este pensamiento, a parte de imposible de cumplir, es una barbaridad plantearlo, es una manera falsa de convencerse de que las cosas no le harán daño, de intentar evitar el temido dolor o decepción. Si hacemos de esta frase nuestra filosofía de vida, seremos los primeros que decepcionaremos a los demás, y lo que es peor justificaremos esa decepción con la frase hiriente de  “Es que yo no te pedí que esperarás nada de mi”. Sino esperas nada de mi, ni bueno ni malo, no solo no te llevarás decepciones sino que además te quedarás sin las alegrías. Una cosa va ligada con la otra, de ahí que sea imposible cumplir este pensamiento… Y si lo consigues, tal vez deberías plantearte la amistad que mantienes con aquel que llamas amigo.

William Shakespeare por aquel entonces decía algo parecido: Siempre me siento feliz, sabes por qué? Porque no espero nada de nadie, esperar siempre duele. Los problemas no son eternos, siempre tienen solución, lo único que no se resuelve es la muerte. La vida es corta, por eso ámala, se feliz y siempre sonríe, solo vive intensamente. Yo me siento feliz, porque lo espero todo de vosotros, lo bueno y lo malo.

Elimino esta frase y pensamiento de mi, no quiero volver a oírla. No existe la decepción para los que luchan, a pesar de tropezar en la misma piedra una y mil veces, hasta desgastarla, no importa… Si la decepción llega, será porque habré perdido a mi amigo, o porque realmente no era mi amigo, o tal vez porque confié en quien no debía, o quizás elegí mal mi tesoro…. Que más da, la cierto y verdad, es que lo espero todo de vosotros, tanto lo bueno como lo malo, pero decepcionar a alguien, eso es algo que está en  vuestras manos y es responsabilidad vuestra.

Este es mi pequeño pensamiento tras mi breve pero larga estancia en Bristol, ciudad inglesa con encanto, que ya comienza a prepararse para lo que dicen será un frío otoño e invierno. Desde estos parajes verdes y floridos, por un clima húmedo y un tiempo horrible, me despido.

Sed buenos